Carga mental en Navidad

La carga mental: un problema amplificado en Navidad

 

Cada año repetimos el mantra de la corresponsabilidad, pero la realidad es que en muchas casas sigue siendo un pequeño desastre cotidiano que, en Navidad, se convierte en tormenta perfecta. A la carga mental invisible y continua de planificar comidas, ropa, médicos, extraescolares y agendas familiares, se le suma el extra de las fiestas: regalos, cenas, decoración, organización de visitas, y crear y mantener la “magia” para los más pequeños.

Los datos confirman lo que muchas sentimos: las mujeres realizamos alrededor de tres cuartas partes del trabajo doméstico y de los cuidados no pagados, y esta brecha se agranda en épocas de festivos y celebraciones. Además del trabajo físico, solemos llevar el “kin-keeping”, es decir, el cuidado de los vínculos: llamar a la familia, pensar en los detalles, sostener la armonía… un tipo de trabajo emocional que casi nunca aparece en ninguna lista de tareas.

Vamos a analizar por qué sostenemos toda la carga mental y , a continuación, te daremos unos tips para poder empezar a cambiarlo.

 

Lo primero: No es “que lo hagas mal”

No se trata de que tú lo estés haciendo mal, ni de que tu pareja sea un villano doméstico, sino de un sistema entero organizado durante siglos sobre la idea de que las mujeres cuidan y los hombres proveen. Incluso cuando ambos trabajáis fuera, las inercias culturales y las expectativas sociales siguen empujando a que seas tú la que recuerda todo, coordine todo y se adelante a todo, teniendo que sostener una gran carga mental.

Navidad pone un foco enorme en estas desigualdades: los estudios muestran que nosotras solemos encargarse más de cocinar, organizar reuniones familiares y mantener “la magia” de las fiestas, mientras muchos hombres se permiten más tiempo de descanso o desconexión. Esto no pasa porque las mujeres “disfrutemos sufriendo”, sino porque hemos interiorizado el mandato de la buena madre/hija/nuera que no falla, y porque muchas estructuras laborales y familiares siguen esperando esa disponibilidad permanente.

 

Lo segundo: Un enfoque amable (y no bélico) con los hombres

Es importante decirlo claro: el problema no son “los hombres” como individuos, sino una distribución desigual de la carga mental y física que muchas veces ni siquiera se ve. De hecho, muchos compañeros se sienten perdidos, no saben por dónde empezar o subestiman lo que implica sostener la logística y el clima emocional de una familia.

La buena noticia es que, cuando se hace visible la carga mental y se habla desde el cuidado y la responsabilidad compartida, muchas parejas consiguen reequilibrar bastante la situación. No se trata de señalar culpables, sino de diseñar juntos un sistema más justo y más humano para todos, empezando por reconocer que tú no eres el “motor secreto” obligatorio de la Navidad ni de la vida familiar.


Ahora vamos con 6 consejos:

 

Tip 1: Por dónde empezar: ¿qué hago conmigo misma?

Antes de pedir nada fuera, suele ayudar parar y mirarte hacia dentro. Algunas preguntas clave:

¿Desde qué mandato estoy funcionando?: ¿“Buena madre” ?, ¿“buena anfitriona” ?, ¿“no quiero molestar” ?, ¿“no quiero ser pesada”?
¿Qué me pasa cuando imagino soltar algo?: miedo al caos, al juicio, a que me vean como vaga, a perder valor…
¿Qué estándares son realmente míos y cuáles vienen de fuera (familia, redes, cultura, publicidad de la “Navidad perfecta”)?

La investigación sobre carga mental y salud muestra que cuando las mujeres se sienten únicas responsables de que todo salga bien, aumenta su estrés, depresión y sensación de injusticia. Validar que estás sobrecargada y que no es razonable sostenerlo todo es un primer paso psicológico muy potente; no es egoísmo, es higiene mental básica.

 

Tip 2: Decide qué quieres cambiar (no solo “aguantar mejor”)

No se trata solo de organizarte mejor para seguir sosteniendo lo mismo, sino de preguntarte qué vida familiar quieres vivir tú:

– ¿Qué tres cosas NO estás dispuesta a seguir sosteniendo sola (por ejemplo: todos los regalos, todas las comidas especiales, toda la agenda familiar)?
– ¿Qué cosas estás dispuesta a que bajen de nivel de perfección para poder descansar (cena menos elaborada, menos eventos, menos detalles)?
– ¿Qué necesitas para llegar al final de la Navidad sin sentirte explotada: más descanso, más ayuda concreta, menos eventos, más tiempo sola o en pareja?

Esta “reunión contigo misma” es la que te va a dar claridad interna, la que luego te va a permitir hablar desde un lugar de adulto que pone límites, no desde la explosión del día 24 por la noche cuando ya no puedes más.

 

Tip 3: Hacer visible la carga mental, sacarla de tu cabeza

Una estrategia muy recomendada en contextos terapéuticos es “desmentalizar” la carga: sacarla de tu cabeza y ponerla sobre la mesa. Para ello, puedes:

– Hacer una lista amplia de todo lo que implica “sacar adelante la casa y la Navidad”: no solo cocinar y limpiar, también pensar menús, comprar, envolver, coordinar visitas, gestionar conflictos, recordar fechas, etc.
– Marcar qué cosas haces tú, qué cosas hace él y qué cosas nadie ve pero alguien (sueles ser tú) sostiene en silencio.

Este ejercicio no es para “llevar la cuenta y pasar factura”, sino para tener un mapa compartido de lo que existe realmente. Solo cuando ambos ven la foto completa se puede hablar de reparto con un mínimo de justicia y realismo

 

Tip 4: Cómo hablar con tu pareja (sin guerra, pero con firmeza)

Llegados aquí, toca poner palabras. Algunas ideas de encuadre que suelen funcionar mejor:

– Hablar desde tu experiencia, no desde el ataque: “Me siento desbordada y me gustaría que pensemos juntos cómo repartirlo mejor”, en lugar de “Nunca haces nada”.
– Presentar la conversación como un proyecto común: “Quiero que nuestra vida y nuestras Navidades sean más sostenibles para todos, también para los peques, y eso implica que los dos estemos bien”.
– Pedir acuerdos concretos, no solo “que ayudes más”: que él se encargue de toda un área (por ejemplo, regalos familiares, decoración, o comidas de los días señalados), con todo lo que implica pensar, planificar y ejecutar.

Los enfoques de terapia de pareja insisten en que la clave no es repartir “favores”, sino responsabilidades completas: quien asume una tarea la piensa, la organiza y la hace, en vez de que tú sigas siendo la jefa de obra que delega, persigue y supervisa.

 

Tip 5: Pactar un sistema (y no solo por un año)

Puedes aprovechar estas fechas para inaugurar un nuevo sistema, sabiendo que habrá ajustes:

– Reparto por áreas: por ejemplo, una persona se encarga de toda la relación con el colegio y la otra de la relación con las familias; una se ocupa de regalos de los niños y la otra de comidas y logística de visitas.
– Métodos de reparto a medio plazo: alternar responsabilidades por semanas o por eventos (este año una familia, el siguiente la otra; este año cocina una persona, al siguiente la otra), o usar listas compartidas en las que cada cual tenga tareas asignadas claras.
– Revisiones periódicas: reservar un rato al mes o antes de cada época intensa (inicio de curso, vacaciones, Navidad) para revisar cómo va el reparto y ajustar sin esperar a que haya una crisis.

Las parejas que revisan su división de tareas con cierta regularidad suelen tener más sensación de justicia y menos resentimiento acumulado.

 

Tip 6: Cuidar también tu energía

Hay algo que a menudo se olvida: mientras cambian las estructuras externas, necesitas cuidar tu energía interna para no vivirlo todo como batalla continua.

– Practicar el “suficientemente bien”: permitirte que no todo sea perfecto, que haya platos congelados, regalos más sencillos y casas “menos Pinterest”, a cambio de una madre/persona más viva y tranquila.
– Pedir y aceptar ayuda más allá de la pareja: hermanas, amistades, familia, redes. La ciencia sobre cuidadores muestra que el apoyo social amortigua mucho el impacto del exceso de carga.
– Reservar espacios tuyos intocables: un rato a la semana donde NO organizas nada, no compras nada y no resuelves nada; simplemente existes como persona, no como logística andante.


Por último, esto no se trata de resignarse, sino de combinar dos movimientos: seguir empujando por cambios sociales y políticos, y a la vez ir modificando el contrato doméstico desde tu propia conciencia, tus límites y tus conversaciones reales con quien vive contigo. La corresponsabilidad no va a aparecer sola por arte de magia navideña, pero cada vez que dejas de cargar con todo y negocias un reparto más justo, estás abriendo un camino diferente para ti y para las generaciones que vienen.

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* Si durante tres años se hacen donaciones a la misma entidad por un monto igual o mayor al del año anterior.

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